Muy cerquita de la plaza de La Concorde y en pleno bullicio de transeúntes y turistas, pegado a los campos elíseos nos podemos encontrar con La Madeleine que desde su construcción se pudo comprobar que no iba a ser una iglesia convencional.
Se empezó a construir en 1764 por el arquitecto Pierre Contant d’Ivry y se tuvo que parar poco antes del estallido de la Revolución Francesa y terminando en 1806 pasando a ser un monumento que rindiera homenaje a la Gran Armada Francesa tal y como quiso Napoleón, regresando a su función de iglesia (católica) una vez hubo terminado la construcción del Arco del Triunfo. Couture decidió dar algunos cambios al proyecto original dando lugar a la iglesia con planta griega (en lugar de la típica de cruz latina) y la colocación de las columnas latinas que dan magnificencia al pórtico.
Choca bastante a la gente que nunca la ha visto ya que se trata de una iglesia que conserva la fachada propia de los templos y arquitecturas griegas, conservando las proporciones clásicas. Absolutamente nada que ver con el resto de iglesias que se reparten por toda la ciudad (de hecho creemos que única en el mundo). Sin duda La Madeleine es uno de los monumentos que debería ver sin falta por su originalidad. Desde luego las vistas que se ofrece desde lo alto de la iglesia es impresionante, La Rue Royal y la Plaza de la Concordia con el Obelisco de Luxor presidiendo el centro de la misma.
Si por fuera La Madeleine resulta muy relevante su interior ya no es tan espectacular como cabría esperar de él. De hecho el interior del templo es de un estilo barroco que, aunque bonito, nada tiene que ver con lo sorprendente del estilo clásico que rige en el exterior. Una buena muestra del carácter y la forma de ser de los franceses, siempre buscando, probando y creando cosas nuevas, dando un ejemplo al resto del mundo.
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